El calefón es un equipo fundamental en muchos hogares, ya que entrega agua caliente para duchas, lavar los platos y otras actividades del día a día. Cuando el consumo de gas comienza a subir, el aumento suele reflejarse rápidamente en la cuenta mensual.
Reducir el consumo no implica dejar de usar agua caliente ni perder comodidad en la vivienda. Cambiar algunos hábitos de uso, realizar mantenimiento y contar con un equipo adecuado puede ayudar a reducir gasto energético y evitar un consumo innecesario de gas.
Regular la temperatura, revisar el estado del calefón y conocer qué factores influyen en su funcionamiento son medidas simples que pueden ayudar a gastar menos sin afectar la rutina del hogar.
Entender el consumo del calefón para encontrar oportunidades de ahorro
El gasto de gas de un calefón depende principalmente del modelo, las horas de uso y los hábitos de cada hogar. Saber cuánto gas gasta un calefón no tiene una respuesta única, ya que cada vivienda tiene un consumo diferente. La capacidad del equipo, la cantidad de personas que lo usan y la temperatura elegida también influyen.
Una familia que utiliza agua caliente varias veces al día tendrá un consumo mayor que un hogar donde el calefón se usa pocas veces. Además, un equipo antiguo o con problemas de funcionamiento puede consumir más gas que uno moderno.
Los modelos actuales incorporan sistemas que ajustan mejor el uso de gas según la demanda de agua caliente. Aunque la inversión inicial puede ser más alta, pueden ayudar a reducir el gasto mensual con el tiempo.
También influyen los hábitos diarios. Dejar correr el agua caliente más de lo necesario, abrir demasiado la llave o usar temperaturas muy altas puede aumentar el consumo sin mejorar realmente la comodidad.
Ajustar correctamente la temperatura del calefón

Un error común es poner el calefón a una temperatura muy alta y después mezclar el agua caliente con fría para ajustarla. Esto hace que el equipo consuma más gas del necesario.
Lo mejor es regular la temperatura según el uso diario del hogar. Un ajuste adecuado permite tener agua caliente cómoda sin aumentar el gasto. También conviene evitar cambiar constantemente la configuración del calefón.
En invierno es habitual subir la temperatura al máximo, pero antes de hacerlo vale la pena revisar otros factores como la presión del agua, el aislamiento de la vivienda o el estado del equipo. Muchas veces el problema no está en la temperatura, sino en el funcionamiento del calefón.
Realizar mantenimiento para evitar un consumo excesivo

Un calefón limpio y bien mantenido consume menos gas y funciona mejor. Con el uso, algunas piezas pueden ensuciarse o desgastarse, haciendo que el equipo gaste más para calentar el agua.
Una revisión profesional permite detectar problemas y verificar que la combustión y la salida de gases funcionen correctamente.
Cuando los quemadores acumulan suciedad, el calefón puede calentar peor el agua y aumentar su consumo. La limpieza básica puede hacerse siguiendo las indicaciones del fabricante, pero las revisiones internas deben realizarlas profesionales.
El mantenimiento de un calefón puede costar aproximadamente entre $30.000 y $80.000 pesos chilenos, según el servicio y el modelo. Realizarlo a tiempo ayuda a evitar fallas mayores y mantener el equipo funcionando por más tiempo.
Elegir un calefón eficiente para ahorrar a largo plazo
Si el calefón ya tiene varios años, falla con frecuencia o consume más gas de lo normal, puede ser momento de cambiarlo por un modelo más eficiente. Hoy existen equipos que calientan el agua usando menos gas y ofrecen un mejor rendimiento.
Entre las opciones más eficientes están los calefones ionizados, que se encienden automáticamente solo cuando se necesita agua caliente. A diferencia de algunos modelos antiguos, no mantienen un piloto encendido todo el tiempo, por lo que pueden ayudar a reducir el consumo.
En Chile, marcas como Splendid, Junkers y Mademsa ofrecen distintos modelos con tecnologías y capacidades variadas, con precios aproximados entre $150.000 y $500.000 pesos chilenos. Algunos incluyen sensores que regulan la potencia según el uso de agua.
Al elegir un nuevo equipo, no conviene fijarse solo en el precio. Un calefón con la capacidad adecuada para el hogar puede funcionar mejor y evitar gastos innecesarios.
Mejorar el uso diario del agua caliente
Los hábitos diarios con el agua caliente también influyen en el consumo de gas. Reducir el tiempo de ducha, cerrar la llave cuando no se necesita agua caliente y evitar dejarla correr sin motivo ayuda a gastar menos.
También conviene revisar las llaves y duchas del hogar. Una filtración pequeña puede aumentar el uso de agua caliente con el tiempo y hacer que el calefón se active más seguido.
Los aireadores y duchas de bajo consumo son una opción sencilla para reducir el consumo de agua sin perder comodidad. Estos accesorios disminuyen el caudal manteniendo una sensación similar durante la ducha.
Además, es recomendable evitar encender y apagar el calefón varias veces en periodos muy cortos si no es necesario. Usar el agua caliente de forma más ordenada ayuda a reducir el gasto de gas.
Revisar la instalación y la ventilación del equipo
La instalación del calefón también puede afectar su consumo y rendimiento. Una mala ventilación, una instalación incorrecta o problemas en la salida de gases pueden hacer que el equipo funcione peor y consuma más gas.
Cualquier instalación o modificación debe realizarse siguiendo las indicaciones del fabricante y las normas de seguridad. Una salida de gases adecuada ayuda a que el calefón funcione correctamente y evita riesgos dentro de la vivienda.
Si la casa mantiene mucho frío, mejorar la calefacción también puede ayudar a reducir el uso excesivo de agua caliente para compensar la temperatura del ambiente. Existen distintas alternativas de climatización que permiten mantener un hogar más cómodo y reducir el consumo energético.
Un ahorro que comienza con pequeños cambios
Ahorrar gas con el calefón depende tanto del estado del equipo como de la forma en que se utiliza. Mantenerlo en buen estado, ajustar correctamente la temperatura y evitar desperdicios permite reducir el consumo sin perder comodidad.
Antes de cambiar el calefón, conviene revisar si el problema está en los hábitos de uso, la instalación o la falta de mantenimiento. Muchas veces, pequeños ajustes son suficientes para mejorar su funcionamiento y disminuir la cuenta de gas.
Un calefón bien cuidado no solo consume menos, también funciona de forma más segura y puede durar más años.






